
Pero ella no se quiere quedar. La reina de la tundra no se resigna a este mosaico de lentas derrotas. Ella quisiera calzar sus piernas enfermas en unas botas rojas como aquellas de las que aún guarda el recuerdo y echarse a andar hasta allá donde el mundo se pierde al norte. Porque mientras la mayoría ya no sueña con nada para esta vida, Marina lee y recuerda lo leído, por eso quién sabe si algún día ella cruce una puerta de hierro y nos volvamos a encontrar.
Cuídate mucho, puedes decirle al despedirte, y ella te mira como si quisiera regalarte el mundo por una frase amable. Hay un escritor ruso que se suicidó antes de acabar, quién sabe, muriéndose de frío y hambre en la tundra. Una enorme fascinación por Rusia une a Marina y al joven fotógrafo que aquí la retrata. Por eso yo dejaré que sea Mayakovsky hablando de sus años en la cárcel quien explique:
Quien ve todos los días el sol se enorgullece:
"¿Qué valen estos rayos?", dicen.
Yo
Por un reflejo
amarillo en el muro
hubiera dado entonces todo el mundo.
Atrás queda Marina, rodeada de humo de tabaco y nostalgia. Buscando todavía sus botas rojas, mirando los rayos amarillos reflejados más allá de la simple cortesía.
2 comentarios:
pues como nadie dice nada, seré el primero...
...solo eso...
no está mal ser el primero en algo, hace tiempo pensé en ser el último, y ahora cambio...será que como también busco unas botas rojas para irme al norte pues quiero cambiar de posición.
crees que el humo del tabaco crea cierta nostalgia?
algo así como el ambiente cargado de aquellos años 20 que nunca vivímos.
de ser así tal vez por eso prolifere la confusión ante la nitidez.
t.
moitas felicidades Celtia e Tomeo!!!
Encántame o voso blog!!! Non deixedes de mostrar-nos realidades cotidianas que pasan desapercibidas nas velocidades nas que habitamos.
moitos bicossssss
natália
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